EL MALDITO PSICOTÉCNICO
Las puertas batientes de la Taberna de la calavera rota se abren de repente, y los parroquianos escudriñan al recién llegado a través de la atmósfera de fritanga y tabaco de pipa. Un loro aletea sobre el hombro de su dueño, un cuervo negro grazna una canción de muertos y tesoros. El recién llegado no desentona con el ambiente, tiene el rostro cosido a cicatrices y sus brazos están formados por músculos y tatuajes. Los parroquianos vuelven a sus bebidas mientras el recién llegado se dirige a la barra.
-¿Qué tal, Flint? –le saluda el viejo Ben, el dueño de la taberna-. ¿Cómo te va con la oposición?
-¡Me han vuelto a tirar en el psicotécnico! –Flint golpea un taburete con su pata de palo -. ¡Es inútil, nunca conseguiré dejar mi maldito bote pesquero!
-No lo entiendo, con lo bien preparado que ibas.
-¡Me sé el código de los hermanos de la costa al dedillo, domino las técnicas de abordaje, te puedo recitar de carrerilla todos los ríos de la Isla Tortuga, y soy el mejor en esgrima con alfanje! ¡Para esto!

-Y dicen que el año que viene sacarán menos plazas de pirata –eleva su cavernosa voz el capitán Coffin-. Por la crisis, dicen.
Un murmullo de reprobación se une a los graznidos de las aves de compañía. Qué poco se valora a los bucaneros hoy en día, con lo importantes que éramos en los tiempos del viejo rey, a dónde vamos a llegar, menudo desastre, ya verás tú cómo ahora pretenden quitarnos los trienios. El tuerto Patch se levanta de su asiento y da una palmada a la espalda de Flint.
-Vamos, grumete, dime lo que quieres que yo invito.
-Un zumo de melocotón, por favor.
Se hace el silencio en la Taberna de la Calavera Rota. Los parroquianos giran sus rostros hacia el recién llegado, quien hace como que tiene la mirada fija en los timones de la pared.
-¿Qué tal, Flint? –le saluda el viejo Ben, el dueño de la taberna-. ¿Cómo te va con la oposición?
-¡Me han vuelto a tirar en el psicotécnico! –Flint golpea un taburete con su pata de palo -. ¡Es inútil, nunca conseguiré dejar mi maldito bote pesquero!
-No lo entiendo, con lo bien preparado que ibas.
-¡Me sé el código de los hermanos de la costa al dedillo, domino las técnicas de abordaje, te puedo recitar de carrerilla todos los ríos de la Isla Tortuga, y soy el mejor en esgrima con alfanje! ¡Para esto!

-Y dicen que el año que viene sacarán menos plazas de pirata –eleva su cavernosa voz el capitán Coffin-. Por la crisis, dicen.
Un murmullo de reprobación se une a los graznidos de las aves de compañía. Qué poco se valora a los bucaneros hoy en día, con lo importantes que éramos en los tiempos del viejo rey, a dónde vamos a llegar, menudo desastre, ya verás tú cómo ahora pretenden quitarnos los trienios. El tuerto Patch se levanta de su asiento y da una palmada a la espalda de Flint.
-Vamos, grumete, dime lo que quieres que yo invito.
-Un zumo de melocotón, por favor.
Se hace el silencio en la Taberna de la Calavera Rota. Los parroquianos giran sus rostros hacia el recién llegado, quien hace como que tiene la mirada fija en los timones de la pared.








