lunes, julio 27, 2009

DRAGONES CASEROS

Helga llega a su casa tras otra jornada infernal en la oficina y, con muy pocas ganas, sale a la terracilla de la cocina a ver si la ropa que tendió se ha secado. El tendedero está bajo techo y a cubierto de la llovizna que ha empapado la ciudad, pero de la humedad y del frío no hay quien se libre en esta época del año. Helga sabe que le quedan muy pocas prendas limpias, pero le apetece tener una buena excusa para no cumplir con su deber, y poder pasarse lo que queda de la tarde leyendo novelas fantásticas.

Helga aparta los visillos de la puerta de la terraza, da la luz del tendedero, y se encuentra con un panorama dantesco.

-¡Schubert! –grita, con la energía prusiana que logra reunir.

Aparece el dragón al segundo, con las escamas de su rostro coloradas y los ojos caídos sobre las baldosas.


- Schubert, ¿me puedes explicar qué es esto?

-Es que… intenté secar la ropa… y se me fue la mano con las llamas, fräulein Helga.

-¿Cuántas veces te tengo que decir que no uses tu fuego en casa? ¡Por tu culpa no puedo ver la televisión, y ya ni llevo la cuenta de cuántas veces he tenido que cambiar las cortinas!

-Yo sólo quiero ayudar. Soy tan feliz cuando nos vamos al campo y enciendo las barbacoas… luego todo el mundo me da strudels de manzana…

-Lo sé, cariño, lo sé. Pero te he dicho mil veces que te quedes quietecito cuando yo no esté delante. Mañana voy a tener que pasarme todo el día comprándome ropa.

-Lo siento, fräulein Helga. No se volverá a repetir –el saurio hace un puchero, baja la cabeza y vuelve despacio sobre sus pasos.

Su dueña mira las ruinas del tendedero y, al cabo de unos minutos, sonríe, coge su cámara y les saca una foto. Va al salón y, antes de sepultrarse en el sofá y continuar con la novela de Tolkien que tiene a medias, imprime la foto y la pega en un álbum cuyas tapas están decoradas con runas.

Al día siguiente, van a ver los dos al veterinario.

-¿Hay algo que pueda hacer, doctor Bormann? –pregunta suplicante Helga.

El médico enarca las cejas, y saca un folleto de un cajón.

-Esto puede que le sirva, liebe fräulein. El proyecto Hindenburg ha dejado hace muy poco la fase experimental, pero los resultados están siendo espectaculares. Como puede leer, consiste en la desactivación de las glándulas ígneas de los dragones falderos mediante haces de iones termochilindrónicos. El procedimiento le saldría por unos cuantos marcos, pero usted podría disfrutar de su mascota sin temor a acabar convertida en una tea humana.

Helga hace cálculos mientras observa las cantidades económicas del folleto. Schubert, con los ojos a punto de salírsele de las órbitas, mira los dibujos de anatomía animal que decoran la pared.

-No le harán daño, ¿verdad? –pregunta la mujer, antes de dar su consentimiento.


Unos meses después, Helga y sus amigas hacen una chucrutada en el merendero de Rammstein Park. Inga y Elizabeth piden a Schubert que encienda las barbacoas, tal como hizo las veces anteriores, y este no puede hacer otra cosa que encogerse de hombros. Finalmente, son Grendel y Zidane, los wywerns gemelos de Martha, los que se encargan de hacer el fuego. Y luego se pitorrean a quijada batiente de Schubert, que está escondido detrás del tronco de un árbol. Helga recuerda los tiempos en los que se divertía con los dragones de los demás domingueros, y hacían concursos a ver quién provocaba el mayor incendio forestal. Ella ha traído su cámara, pero esta vez no saca fotos para su álbum decorado con runas.

Al lunes siguiente, Helga y Schubert entran de nuevo en la consulta del doctor Bormann.

8 comentarios:

Tatus dijo...

Muy bueno tio... sobre todo el comienzo y el intermedio son brillantes... me flojea un poco el final, por el transcurso tan bueno que iba teniendo.. no sé.. como que me ha parecido un final acelerado, como si tuvieras prisa por acabarlo... por lo demás, cojonudo nen, vaya level :)

Kermit dijo...

¿Tú crees? Mmmmm, habrá que pegarle un repaso más adelante.

Entrespinos dijo...

Oye... que en el fondo eres super friki, eh??

Rammstein Park??? Ja,ja,ja :D Brillante!!!

PD(Mañana me voy de vacas, yupi!!!!!!!!)

viejecita dijo...

Que no, que no, que ese final está bien.
No vaya a ser que el Doctor no le sepa arreglar el lanzallamas al pobrecito Schubert, y nos quedemos planchados.
Pero si el lanzallamas no tuviera arreglo, podría convertirlo en manguera de agua, y apagar los incendios de sus compañeros, en venganza por reírse de él.

Virus dijo...

Tan surrealista y friki como divertido y genial

Kermit dijo...

Muchísimas gracias. Por cierto, vaya nombrecito que te has ido a buscar, me has dado un susto tremendo cuando he visto la notificación de tu comentario.

LCS dijo...

Tan gracioso como siempre, amigo. Sólo un pequeño apunte, de repelente niño Vicente:

El grupo rock gótico-industrial alemán se llama Rammstein, con dos emes. En cambio, la base aérea donde se produjo el accidente es Ramstein con una única eme.

Morsa dijo...

Kermit, tienes talento de guionista, son enormes tus historias, sus personajes de enorme presencia y esa bruma de pequeños problemas a la que se enfrentan es magnífica. Me ha gustado mucho.

Yo, por contra a lo que opinaron antes, creo que el final feliz entrando en la consulta, recuperando la llama de la esperanza, es necesario para no acabar triste un relato de dragones, pero en realidad el climax de la historia ya pasó cuando se carcajearon de él los gemelos.

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